Parte Iv

comunidades mapuche afectadas por las

sequias 

 

Zonas rurales de la Araucanía sufren las consecuencias de la escasez de agua 

En el kilómetro doce, en medio de la carretera que unes las comunas de Lautaro y Curacautín en La Araucanía, se ubica Agua Fría, una localidad rural inserta en un húmedo y verdoso paisaje donde sus aislados vecinos se conectan por medio de pedregoso caminos. 

En el corazón de Agua Fría se localiza la escuela rural  Ñereco, que podría catalogarse como el centro neurálgico del lugar. Todo pasa en Ñereco; reuniones, visitas del municipio, presentaciones artísticas, votaciones, controles médicos y otras actividades hacen que todos sus vecinos converjan en el mismo sitio.

Prácticamente todos los niños de la zona estudian en Ñereco. El 98% de los matriculados son de origen mapuche; por tanto, el establecimiento tiene como justificación pedagógica desarrollar su trabajo con un enfoque cultural, respetando  raíces, costumbres y tradiciones, como forma de elevar la autoestima de los niños y niñas y fortalecer su identidad cultural.

A raíz de lo anterior,  Ñereco posee un Programa de Educación Intercultural Bilingüe en el que un educador tradicional, escogido por la comunidad y certificado por el Ministerio de Educación, realiza clases de mapudungun y cultura mapuche hasta sexto básico.

Francisco Melihuén Cheuquén, educador tradicional de Ñereco, cuenta que ser mapuche durante un largo período significó dolorosos episodios de violencia y segregación “en el pasado muchas y muchos mapuches dejaron de hablar su lengua para evitar ser discriminados, optaron por el español para evitarse problemas”, asegura.

En tanto, la educación bilingüe ha resultado muy importante para recobrar la lengua, un elemento distintivo y especial para cada cultura. “Acá tenemos niños que no pueden hablar mapudungun con sus padres porque ellos nunca lo aprendieron de sus antepasados; sin embargo, los más pequeños en las familias han incentivado a sus abuelos a utilizar nuevamente la lengua”, cuenta el educador.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Para aprender la lengua, los niños también requieren de experiencias culturales que enriquezcan su aprendizaje. Para José Arbulú, director de la escuela rural, que los niños se sientan cómodos con su cultura es fundamental “especialmente si se da en un terreno tan importante como la escuela”, asegura.

Los niños de Ñereco son organizados por sus profesores durante todo el primer semestre de cada año para realizar el We Tripantu, también conocido como el Año Nuevo Mapuche.

Ñereco es el espacio de encuentro de todas las comunidades mapuche de Agua Fría. Todos los locales están invitados y sólo algunos extranjeros o winkas, como los llaman en su lengua, son convidados a participar de sus ritos.

El agradecimiento a la naturaleza y a los espíritus que la componen es fundamental para los mapuche. Francisco Melihuen sostiene que "desde nuestros antepasados los peñes han tenido una conexión especial y un gran respeto hacia la naturaleza" Sin embargo, el educador tradicional advierte que la naturaleza está siendo afectada por malas prácticas del hombre. 

 

En Agua Fría, paradójicamente, existen problemas de abastecimiento de agua potable. Una realidad símil a muchas zonas rurales en La Araucanía. Cerca de 21 mil familias dependen de camiones aljibes para su subsistencia en toda la región.

Verónica Huentenao es la jefa de hogar de una de esas familias. Vive a una hora caminando desde su casa a Ñereco, donde estudian dos de sus hijos, Bastián y Leonel, de ocho y nueve años respectivamente.

Verónica reconoce que ha sido un problema el tema del agua. Posee dos pozos, el primero se le fue secando con el tiempo y el segundo, no está en las mejores condiciones. El agua que tiene no es apta para el consumo ni de su familia ni de los animales.

En tal caso, Verónica depende del agua que una vez a la semana recibe de parte del municipio de Lautaro. De acuerdo a los datos proporcionados por la alcaldía de esa comuna, en 2016 se repartieron 1.211.000 litros semanales.

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Suena una cifra alta, pero no alcanza a ser suficiente si consideramos que esta agua es repartida entre 1248 familias, la que a su vez se fracciona entre los integrantes de cada grupo e inclusive, en el desarrollo de la ganadería y agricultura de subsistencia que, en la mayoría de los casos, resulta ser la principal actividad económica de esas familias.   

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Una familia chilena de cinco integrantes en Santiago consume en promedio 6.250 litros de agua a la semana. En Ñereco, las familias reciben alrededor de 970,3 litros de agua vía camión aljibe por semana, es decir, un 86% menos de agua que una familia urbana.

De acuerdo al Diagnóstico de la gestión de los recursos hídricos en Chile del Banco Mundial en 2011, la Araucanía registra más de diez mil metros cúbicos de agua por persona al año. Es la cuarta región con mayor disponibilidad de agua en Chile.

En la familia de Verónica Huentenao, la disponibilidad de agua está muy por debajo de los que estima el Banco Mundial para la región. Más aún, su familia al igual que otros comuneros de la zona no tienen acceso a electricidad. Esto complica aún más las cosas para los niños, a quienes los tiempos para estudiar y hacer sus tareas se les ven más acotados.

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Agua Fría está rodeada por múltiples hectáreas de plantaciones forestales. De tal modo que esta es una de las actividades económicas más evidentes de la zona.

Ese hecho en particular despierta especial atención para Francisco Melihuén Cheuquén, el educador tradicional de Ñereco, quien no ve con "buenos ojos" las plantaciones de árboles que, según él, no son propios de la tierra en que habita el pueblo mapuche.

Melihuén ha vivido en Agua Fría por más de 50 años. Ad portas de cumplir 70 años, su bicicleta lo acompaña en la ruta que une su casa con Ñereco. Una de las cosas que más lo sorprende da Melihuen es que, cada vez que recorre el lugar, menos especies típicas de la zona encuentra.

“Extraño el gualle, el molle, el lingue, el raulí, la lenga. Cada vez es más difícil encontrar esos árboles. Los bosques de hace año están desapareciendo. Lo único que encontramos son esos pinos y eucaliptos, que son especies de mala calidad y que dañan nuestra tierra”, asegura.

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La industria forestal en La Araucanía posee un avance sostenido, así lo manifiesta el estudio “Plantaciones y pobreza en comunas forestales” de Conaf, quien hace un particular análisis a la situación de la IX Región.

Entre 1994 y 2011, pese al aumento de la actividad forestal en la zona, se ha mantenido el número de personas en situación de pobreza con variaciones muy mínimas entre los años en que se hicieron los registros según el Instituto Nacional de Estadísticas.

La Araucanía sigue siendo la región más pobre de Chile registrando, además, la mayor tasa de pobreza extrema.

El informe evidencia también la disminución sistemática de la población rural. Al 2011,  ha descendido más de la mitad en comparación al censo de 1992. En síntesis, mayor industria forestal, igual pobreza, menos población rural.

La carencia de servicios básicos  y las pocas opciones laborales de la zona, entre otros factores, han provocado que muchos locales migren hacia polos urbanos. De hecho, las matrículas de Ñereco han sufrido variaciones. Muchos de sus padres sacan a sus hijos de la escuela apenas encuentran trabajo en Lautaro o Temuco, que son las ciudades más próximas a la región.

En esa dirección, todo el esfuerzo por recuperar las tradiciones de la cultura mapuche parece no ser suficiente. Sin una visión global e integradores se hace imposible rescatar el pasado. 

Según la Ley indígena 19.253, publicada en el Diario Oficial el año 1993, el Estado chileno reconoció la presencia de ocho pueblos originarios en el territorio chileno, entre ellos, el mapuche. Dicho reconocimiento destacó la existencia de los pueblos originarios como parte fundamental de los orígenes de la nacionalidad; es decir, como parte esencial de nuestra historia e identidad cultural.

El agua está desapareciendo y junto con ella podría desaparecer una cultura que

forma parte de la médula histórica de Chile. Las estadísticas no son suficientes para

evidenciar las repercusiones económicas y, por sobre todo, sociales y culturales que se

podrían acentuar si la sequía en La Araucanía aumentase.

De qué forma los niños mapuche se reencuentran con su lengua y cultura

Comunidades mapuches son las más afectadas por las sequías en La Araucanía

Plantaciones forestales rodean a comunidades mapuche

Cuánta agua consume una familia chilena

Los niños de Ñereco reciben una educación en contexto rural y su aprendizaje está orientado a su procedencia.

El río Cautín rodea la zona de Agua Fría. Según relatan los lugareños, en el pasado fue navegable y muchas de las comunidades mapuche se localizaban en torno a él. Hoy sus aguas ni si quiera son aptas para el consumo humano.

En cinco años, los camiones aljibe han cobrado un valor especial las zonas rurales, donde la falta de infraestructura y la sequía que ha experimentado Chile ha incrementado los problemas de acceso a agua potable.

Verónica Huentenao cuenta que recibir agua una vez a la semana no es suficiente para cubrir las necesidades de consumo e higiene de toda su familia. 

La industria forestal en La Araucanía ha tenido un crecimiento sostenido; sin embargo, esto no ha tenido un impacto directo en el aumento de la oferta laboral y la disminución de la pobreza.

Desde primero básico, los niños tienen clases de mapudungun y aprenden no tan solo el idioma, también sus ritos y bailes. Además, aprenden a tocar los instrumentos tradicionales de su cultura.

Todos los días y a la misma hora, desde la estación ferroviaria de Lautaro, los trenes cargados con cientos de kilos en troncos se dirigen a las celulosas para ser procesados y convertidos, en gran proporción, en materia prima de exportación. 

 
 
 

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